Cupido tuvo la culpa de que la venda que cubrió
mis ojos durante años no me permitiera ver la verdadera persona que se escondía
tras aquel hombre alegre y dicharachero antes sus amigos, pero que ocultaba
instintos enfermizos que sólo mostraba tras volver de sus juergas diarias. Si mis ojos hubieran
visto aquella luz tenue de mi dormitorio que envolvía mis quejidos tras cada
paliza, nunca más habrían vuelto a brillar al verle aparecer cuando me
encandilaba con sus palabras que me enamoraron un día. Ahora necesito cerrar
mis ojos para no volver a pensar
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VIDA MARCADA
Dicen que el tiempo lo borra todo aunque vivir tantos años a su lado marcó en mi la huella indeleble del maltrato sutil de sus palabras, aquellas que mi memoria guardaba como el primer día.
Pie de acto: Dicen que el tiempo lo borra todo...
LA MIRADA
Noté algo extraño en mi cuerpo. Me miré al espejo y entonces vi el reflejo de su mirada. Había algo en su rostro que no me gustaba. Al llegar a la estación el tren se detuvo y decidí bajarme en el último segundo, necesitaba tomar aire limpio. Respiré aliviada, atravesé el torno y salí al exterior.
El bullicio de la calle me parecía la mejor de las sensaciones, estar en medio de tanta gente me hacía sentirme protegida, pensaba haberle despistado. Aceleré el paso sin saber muy bien dónde dirigirme, ¿qué me estaba pasando? me sentía acosada, observada.
Al cruzar la calle noté cómo me arrastraban con fuerza del brazo a la vez que el claxon de un autobús sonaba clavándose en el asfalto, caí al suelo en la acera justo en el mismo instante en el que autobús pasó a mi lado. La gente se agolpaba alrededor para ver si me encontraba bien. Aún aturdida y sin entender lo que había ocurrido volví a ver entre el tumulto el mismo rostro. Fue entonces cuando comprendí que aquella mirada me había salvado la vida de las fauces de aquel autobús.
Al cruzar la calle noté cómo me arrastraban con fuerza del brazo a la vez que el claxon de un autobús sonaba clavándose en el asfalto, caí al suelo en la acera justo en el mismo instante en el que autobús pasó a mi lado. La gente se agolpaba alrededor para ver si me encontraba bien. Aún aturdida y sin entender lo que había ocurrido volví a ver entre el tumulto el mismo rostro. Fue entonces cuando comprendí que aquella mirada me había salvado la vida de las fauces de aquel autobús.
Mi “ángel de la guarda” había cobrado presencia.
Pie de acto: Noté algo extraño en mi cuerpo. Me miré al espejo y entonces vi...
Pie de acto: Noté algo extraño en mi cuerpo. Me miré al espejo y entonces vi...
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