RETRATO DE UN MALTRATO




Sus sospechas no le dejaban pensar con claridad. Ella cada vez parecía más joven, y la corta distancia en años que les separaban parecía ampliarse cada vez más.

Su aspecto físico a veces dejaba reflejar los malos momentos del día anterior, aquellos que era mejor olvidar tras una profunda resaca. El alcohol ensombrecía su mirada y su cara mostraba el animal que llevaba dentro.

Ella empezó a refugiarse en sus amigos, intentando encontrar una vía de escape. Un día en el que quiso mostrar sus encantos como mujer, recuperar su belleza y mostrar al mundo que podía superarlo, él la siguió apresurado por distintas calles, sus pasos se entremezclaban entre el resto de la gente, intentaba no perderla de vista. Sus sospechas  no se confirmaron.

Cuando ella regresó a casa, él no estaba. Se sintió aliviada.

Al poco tiempo, se oyeron unos pasos apresurados, y tras ellos el portazo de la puerta de entrada. De repente todo estaba en calma, pero la calma, de pronto, se tornó en miedo, miedo de no saber si él había vuelto a beber. Al escuchar girar la llave en la puerta ella se agazapó en el sofá como presa asustada, bajo el compás de espera de un ser indefenso a ser cazado.

Al sentir sus pasos hacia la cocina pensó por un momento que él vendría con hambre y su necesidad vital tenía que ser aliviada. ¡Qué ingenua era al pensar eso!

Empezó de nuevo a escuchar sus pasos hacia el salón, y cuando le vio llegar ya no tuvo tiempo de respirar, porque el cuchillo le atravesó su frágil cuerpo, justo en el corazón, y allí se quedó acurrucada. Ahora el miedo se volvió silencio.

Sus pasos volvieron de  nuevo a la cocina. Allí permaneció sentado mirando el televisor que estaba encendido, precisamente las noticias hablaban en ese momento que ya eran 115 las víctimas por violencia de género las que habían muerto en lo que va de año. Él sin más puso el cuchillo en su pecho y lo atravesó.

Todo quedó en calma, tan sólo el murmullo de fondo de la televisión "al menos se producía una víctima cada 20 segundos en cualquier lugar"

LA ESENCIA



LA ESENCIA la perdió
O quizás nunca la tuvo
O realmente nunca supo que la tenía
O el paso del tiempo hizo que la olvidase

Érase una vez una mamá que siempre estaba a la última pregunta y pendiente siempre del dinero de los demás, prometiendo devolverlo y nunca haciéndolo.

Abusó tanto y tanto de dicha situación que había olvidado quienes la habían traído al mundo. Tengo dudas de si realmente guardaba para ellos un verdadero cariño.

El día que olvidó la dignidad y honorabilidad de cumplir con su palabra sus actos se volvieron plenamente calculados, prometiendo devolver y nuevamente volviéndolo a incumplir. Negaba la evidencia y todo ello la hizo ser opaca con su propia realidad convirtiéndola en una persona nada fiable.

Sus padres ya ancianos, vivían atrapados por ella, abducidos después de tantos años. Ahora ya no era momento de poner las cosas en su sitio, sus circunstancias y su edad les hacían depender tanto de ella, que cualquier cosa que ella hacía era aceptado con asentimiento y resignación.

Alrededor, otros con verdadero sentido común no alcanzaban a comprender cómo dicha situación se había permitido, no sólo por ella, sino por las personas que a su alrededor también habían aprendido.

Difícil de restituir y recuperar algo que en tantísimos años había sido desvalijado con tanta frialdad.

La esencia la perdió o quizás nunca la tuvo.

CONEXIÓN CORTADA



Se quitó la ropa muy despacio. Al quedar desnuda frente a él se sonrojó como una chiquilla. Era la primera vez,  su corazón estaba acelerado como si quisiera explotar.

Había pensado muchas veces en aquel momento, y por fin había llegado. Tocó sus manos para sentir su calor y sus rostros fundieron sus labios en un largo beso. Al despertar  junto a su lado se sintió reconfortada. Estaba feliz.

Hoy al recordar ese momento ya no sentía ni el más mínimo cariño por el extraño que yacía a su lado. El sufrimiento había terminado. Aquel ser extraño ¿quién era? se preguntaba.


Con la mirada perdida se levantó, tomó el teléfono y tras marcar dijo: “acabo de matar a mi marido”. Aquella confesión la hizo sentirse liberada, ya nada podía ser peor. Su cárcel por fin había finalizado. 

LOS OJOS QUE NO VIERON



Cupido tuvo la culpa de que la venda que cubrió mis ojos durante años no me permitiera ver la verdadera persona que se escondía tras aquel hombre alegre y dicharachero antes sus amigos, pero que ocultaba instintos enfermizos que sólo mostraba tras volver de sus juergas diarias. Si mis ojos hubieran visto aquella luz tenue de mi dormitorio que envolvía mis quejidos tras cada paliza, nunca más habrían vuelto a brillar al verle aparecer cuando me encandilaba con sus palabras que me enamoraron un día. Ahora necesito cerrar mis ojos para no volver a pensar

EL ZUMBIDO



No podía dormir, lo había notado tan cerca, apenas hacía un segundo, que su mente ya no podía escuchar otra cosa que aquel molesto zumbido.

Era una cálida noche de verano, llevaba media hora acostada y el frágil sueño ya se había visto interrumpido.

Encendió la luz y sus ojos intentaron abrirse de par en par intentando otear y avistar aquel minúsculo insecto.

¡pobre de él si lo atrapaba! No había cosa más temida que tener que intentar volver a dormirse pensando que aquel diminuto bicho podría volver a interrumpir el dulce descanso tan necesario para volver a retomar la actividad al siguiente día.

¡ Pero nada !, del susodicho ni rastro.

No merecía la pena seguir esperando como cazador, rifle en mano, esperando su presa. El cansancio insistía en dejar la caza para otro momento. Apagó luz, encogió sus piernas de nuevo en posición fetal y puso su mente en blanco para no tener en su pensamiento aquel molesto zumbido. 

Tan sólo habían transcurrido un par de minutos y su cuerpo de nuevo enderezado se encontraba oteando otra vez las cuatro paredes de su habitación.

Había dado comienzo el reto. La misión estaba clara, acabar con el molesto zumbido ¡ al menos aquella noche !

¡ Ay… ansiado verano !, aquel que siempre nos 
recordaba que la veda un año más se había abierto.

UN NUEVO CAMINO



¡Menos mal que la tecnología le había reservado un espacio para poder mandar aquel  mail de despedida!. El día de antes su mirada delataba que sus nervios guardaban palabras que difícilmente iba a poder expresar.
Se disponía a emprender el nuevo reto online de su propia vida, pero tenía algo a su favor, la suerte de mantener esa amistad que a lo largo del tiempo había madurado de forma sincera.
Cuando sonó el despertador, casi una hora antes de lo habitual de cualquier otro día, sus ojos se abrieron pensando en esa semana. Había estado muchas veces en aquellas oficinas. Tomó aire al abrir la puerta de su despacho, estaba todo en silencio, ¡ya echaba de menos el murmullo de sus compañeros!
Ágata, la suerte no viene sola, sólo aparece cuando tu mente enfoca con claridad lo que uno quiere alcanzar. Confía en tu paso firme siendo como tú eres.
Palabras eje de la historia: tiempo, online, compañeros, amistad, suerte

DOS OREJAS Y EL RABO


Cuando se entrevistó por primera vez con su cliente, éste le  dejó muy claro que no tenía dinero para pagar. Lo primero que pensó fue que dadas las circunstancias de su estreno y con todo en contra, su primer caso como abogado de oficio sería todo un fracaso.

Nada más entrar en la sala  sus dedos nerviosos hicieron saltar el botón del cuello de su camisa, liberando su angustia como nota de aire sacada de un saxofón. Nunca imaginó que el juez le iba a dar la razón, era su primer juicio, su primer cliente y encima con un asunto de expropiación. Meses después de aquella exposición magistral  en la fría sala de los juzgados, el juez condenó al banco a aceptar la dación. Tras leer la sentencia sus ojos se llenaron de un brillo especial. Aquella primera faena le había hecho salir por la puerta grande.

Palabras eje del relato: saxofón, razón, dación, botón, expropiación

VIDA MARCADA




Dicen que el tiempo lo borra todo aunque vivir tantos años a su lado marcó en mi la huella indeleble del maltrato sutil de sus palabras, aquellas que mi memoria guardaba como el primer día.

Pie de acto: Dicen que el tiempo lo borra todo...

VUELO CANCELADO



Al ver a su  abogado entrar en la sala con su cartapacio bajo el brazo, notó como un sudor frío bajaba por su cara. Durante unos segundos pensó que si hubiera logrado tomar aquel avión probablemente en estos momentos no se encontraría en aquel socavón del que no tenía ni idea cómo iba a salir.

Sabía que no tenía que haberle hecho caso a aquel hombre al que llamaban “el camello” y recordó cómo su cuñado le había hablado de él y que lo más importante era aparentar tranquilidad y no perder los nervios ante el control policial.

Pero aquellos consejos no le sirvieron de mucho porque aunque intentó mantener la calma, su cuerpo no pudo aguantar tanta presión, y cuando aquellas pepitas de droga reventaron como un plomo en su estómago, tan sólo pudo visualizar fragmentos de su infancia al pensar que por fin todo había terminado.
Palabras eje del relato: plomo, cartapacio, camello, sudor, socavón

AQUELLOS DIAS DE COLE

Algunas situaciones diarias le recordaban aquellos días de colegio. ¡Son como niños!, pensaba.
La responsabilidad, el compromiso se esfumaban con una sutil delicadeza, sin dejar huella de que hubieran estado presentes en alguna situación concreta por unos breves segundos.
Cuando con ese aire falsamente encantador le comunicó la mala noticia comprendió que el estribillo de aquel juego “pío, pío que yo no he sido, pío pío…!  cobraba sentido en aquel patio de colegio.
¡Esta vez vas a ser tú el que se tiene que quedar sin recreo! Te ha tocado, aunque tú no hayas sido no pasa nada, al fin y al cabo no puedo castigar a toda la clase, pero el resto tiene que ver que existe el castigo. Castigar al alumno protestón no interesaba, era mejor poner el castigo al que nunca se quejaba…
Hasta que… ¡llegó el día que explotó!, sin avisar, con esa calma meditada, y protestó razonadamente, con absoluta claridad,  verdaderamente merecía la pena el esfuerzo para sacar la mejor nota. Al menos si habían de suspenderle no quería que lo hiciesen por no haber hecho una exposición magistral.

Quedaba claro que ninguno de los responsables de aquel colegio se atrevía a afrontar el problema  en aquellos difíciles momentos, tan sólo sabían canturrear el único estribillo aprendido: ¡pío, pío… que yo no he sido, pío pío…!

EL REGALO

   -    Hola, ¿sabes cómo hemos llegado hasta aquí? 
-    No tengo ni idea. Sé que estaba todo oscuro, y que de repente me dejaron a la sombra de este árbol. 

-    Schiissss...¿oyes eso? Parecen las voces de unos críos, creo que es mejor que nos callemos, se acercan. 

-    ¡Papá, mamá! ¡venid! Ya han venido los Reyes Magos 

-    Oh! ¡Cuántos regalos! 

-    ¡Bien! ¡Es justo lo que me había pedido!  

-    Ahora me toca a mi. Espero causar tan buena impresión como el paquete de al lado. Creo que salir de la estantería de aquella tienda va a tener su recompensa. 

-    ¡No hay nada como el día de Reyes para regalar y ser regalado!

CUENTA ATRAS




Desde primera hora de la mañana había mucho movimiento. La gente había empezado a concentrarse frente a la puerta, el momento  estaba cerca y se presagiaba lo peor.

El propietario de la casa tomó el megáfono tras asomarse a la ventana y comenzó a hablar como si fuera a dar una conferencia, sus palabras nerviosas dieron pie a una lágrima que quedó congelada, como en pausa, justo en el momento en el que un coche negro enfiló la calle dirigiéndose al tumulto.

El tiempo se había agotado. Del coche bajó un abogado trajeado, ya sólo su presencia marcaba auténtica doctrina. A pesar de su aspecto impoluto su cara reflejaba claramente que le había tocado pagar el pato.

Apenas había conseguido avanzar unos pasos cuando sonó su móvil. El silencio se hizo un hueco y las caras de los presentes cambiaron de forma radical tras escuchar las palabras “desahucio paralizado”.

Palabras eje del relato: conferencia, lágrima, deshaucio, pato, doctrina

AL RUEDO

Si aquella sentencia no le hubiese marcado su futuro nunca hubiera experimentado aquella experiencia. Después de siete años años vividos detrás de esas rejas sentía una sensación casi táctil de libertad.  Por fin había llegado el gran día que auguraba un gran comienzo en su carrera como abogado.
En su primera comparecencia en un juicio sus nervios eran como los de un profesor en su primer día de clase. El cartel pegado en la puerta tenía la tinta borrosa pero su nombre parecía resaltar como el de un actor en el estreno de su nueva película.
Al entrar en la sala su paso firme no daba muestras de ser un manojo de nervios, su mente se centró en el alegato que versaba sobre la explotación de unos chinos, que ocultos en un sótano, apenas habían visto la luz del día del país que pensaban sería su tierra prometida.
Palabras eje del relato: táctil, profesor, cartel, explotación, sentencia

CARTA DE LIBERTAD


Sentía que su mundo se había quedado reducido a aquel instante ¡el peor!
Un pensamiento había rondado su cabeza una y otra vez ¡y de repente había sucedido!
Cuando sonó el teléfono no esperaba escuchar esa voz. Intentando alargar el tiempo, atravesó el pasillo en vez de tomar el ascensor, prefería subir las escaleras.
Al llegar a la planta tuvo que esperar unos minutos aunque para él habían parecido una eternidad. Cuando se abrió la puerta, una sonrisa fingida le saludó a su paso.
- Siéntate Alfredo, supongo que tienes una ligera idea de por qué te he llamado.
- Quizás, susurró con una voz apagada.
- Bien no quiero alargar esta situación. Como sabes, las cosas están complicadas y se están tomando una serie de medidas que no son plato de gusto para nadie.
- Lo sé, entretanto sus piernas no dejaban de moverse en un vaivén como si quisieran martillear el suelo.
- Sabía que en algún momento me llamarían, comentó casi faltándole la respiración para articular la última palabra.
- Sabes perfectamente que las circunstancias nos obligan, llevas ya muchos años con nosotros y nunca hubiera imaginado que yo mismo tendría que darte esta carta.
- Pues por favor no dilates más el tema que nos conocemos.
Tras pronunciar aquella frase, cogió la carta al tiempo que sus ojos quedaron inundados de un brillo amargo.

JUEGO DE NIÑOS

 
Quería seguir durmiendo, total para qué despertarse si cada día era igual al anterior y al siguiente.
En más de una ocasión se preguntaba si su vida realmente merecía la pena. Hacía tiempo que había perdido la ilusión, aquella que se había quedado postrada junto a él en aquella silla de ruedas.
Apenas tenía amigos, poco a poco habían dejado de visitarle y sus días los ocupaba frente al ordenador o la televisión. Habían transcurrido casi dos años desde el accidente pero aún seguía teniendo pesadillas, algunas noches se despertaba angustiado, tras sentir a flor de piel el ruido de aquella sierra intentando sacarle de aquel amasijo de hierros.
Su pensamiento no dejaba de machacarle que aquel juego de niños le había costado muy caro. Al menos él podía contarlo, pero a quién, si en realidad estaba solo con la única compañía de gente sin rostro, los que frecuentaban el chat, donde él por unos instantes se evadía de su realidad para soñar que podía ser otra persona.
Su verdadera realidad estaba arropada por las paredes de su casa donde parecía sentirse seguro, no le gustaba ser observado, su rostro ya no conservaba la imagen de aquellas fotos que había terminado guardando en un cajón para evitar recordar la persona que era y que ya nunca más podría ser.
La inconsciencia de la juventud tras una noche de fiesta y después de unas copas de más se había quedado olvidada en aquel tramo de la carretera.
Un  juego de niños en el que todos habían perdido.

LA HUELLA


Aquella mañana se levantó cansado, alargó su mano al interruptor pero la luz no se encendió y susurró ¡qué momento más inoportuno para que se funda la maldita bombilla!
Había pasado mala noche, ese terrible catarro apenas le había dejado dormir, pero debía sacar fuerzas y hacer de tripas corazón. Tan sólo faltaba una hora para asistir a la ceremonia anual del colegio de abogados donde le iban a hacer entrega de un premio por su libro “Jurisdicción al desnudo”. Su cara era todo un poema, y más que asearse parecía necesitar una reforma completa.
Minutos antes de subir los tres peldaños que separaban su asiento del escenario  miró la cicatriz de su mano y recordó a su padre, un juez de reconocido prestigio, quien le había enseñado la autoridad en sus propias carnes.
Palabras eje del relato: catarro, premio, jurisdicción, reforma, bombilla

MATANDO MOSCAS


El tiempo había transcurrido bajo aquella tarde de insoportable calor, el sudor bajaba por su cara, como una hilera de hormigas que siguen su camino.
De forma repentina se levantó con un sobresalto de su hamaca brasileña, aquella que había adquirido en su viaje a Brasil, justo donde dio comienzo su interminable pesadilla.
No sabía muy bien qué le había despertado antes de ese  impulso súbito, pero tras abrir los ojos se percató de una sombra al fondo de la habitación, con un  sombrero que ocultaba su mirada observándole fijamente.
Tras unos segundos, aquel rostro con mirada inquietante, articuló unas extrañas palabras que dejaron claro que no era un idioma entendible, al menos para él.
Parecía una lengua ancestral porque su mente no alcanzaba a entender de qué país provenía aquella voz.
Desde que volvió de Brasil siempre se despertaba de la misma forma, siempre con sudor en su rostro.
Miró hacia la ventana siguiendo el vuelo de una pequeña mosca que se posó justo en el cenicero que aún conservaba las colillas de los últimos días, y vio como un cigarro encendido humeaba al lado de todas aquellas moscas que en un ataque de ira había fulminado aquella misma mañana. Cada vez era más difícil controlarlas, porque un día tras otro, como si de una plaga se tratase, tenía que soportar una y otra vez que se posaran en la ventana como si esperasen a que ocurriera algo.
Ya no conseguía recordar aquellas agradables tardes cuando se sentaba junto a la ventana para leer un libro.
En su viaje a Brasil, además de comprar esa cómoda hamaca, también había experimentado aquella terrible sesión con un curandero, aquél al que popularmente llamaban “mata moscas”. Desde aquel momento su vida había cambiado, y sus despertares eran cada vez más extraños, como en ese instante, cuando aquel rostro por primera vez tenía presencia en su habitación, infinidad de veces lo había intuido sin conseguir verlo hasta aquella tarde. Entonces comprendió que el final estaba cerca.

EN OTRO PAIS MISMO FUTURO


La tormenta la sorprendió en medio de aquella multitud. Estaba totalmente empapada, dudaba si esperar o marcharse por donde había venido.
Su aspecto era impresentable pero debía al menos intentarlo.
Apenas tuvo tiempo de acicalarse el pelo cuando la llamaron por su apellido. Con paso inseguro se acercó al mostrador. El hombre al otro lado de la larga cola le instó para que mostrase su identificación.
Sacó una tarjeta semiarrugada de su bolso donde se apreciaba una foto de una mujer mucho más joven que su apariencia  actual.
El hombre la miró fijamente a los ojos intentando reconocerla, como si dudase.
-          Puede guardarla y por favor sitúese en la fila de la derecha. Pronto la volverán a llamar para embarcar. 

¡Llevaba tanto tiempo intentando marcharse de aquel país!
Observó a su alrededor al resto de la gente que aguardaba la fila, intentando intuir los verdaderos motivos que les habían llevado hasta allí.
Una nueva oportunidad en su vida era la esperanza de tener futuro.
Por eso fue vital haber encontrado a su ex, él tuvo que ocuparse de aquel pequeño ser que había hecho que sus vidas volvieran a reencontrarse para de nuevo volver a separarse.
Cuando le conoció por internet nunca imaginó que tras dejar su vida en Rumanía tendría que dar comienzo de nuevo en el mismo punto donde lo dejó. 

Se había criado viendo cómo su madre acompañaba a señores y tras cerrar la puerta daba placer a sus instintos más básicos.
No quiso darle a su hija la misma infancia que le había tocado vivir a ella.

Aquella casa de citas era lo único que había conocido.

A CORTO PLAZO


Sus piernas apenas le sostenían, quedaron flojas tras el mazazo de la noticia. Cuando se dispuso a salir del despacho se volvió para realizar una última pregunta
      -  ¿Cuánto tiempo? 

  - Como le he comentado no es fácil de determinar, no sabría decirle, quizás máximo un año, incluso año y medio.
Tomó el ascensor y sin darse cuenta estuvo parado sin moverse casi cinco minutos, justo cuando más ensimismado estaba la puerta se abrió de nuevo. Recordaba esa cara de la sala de espera.

La sensación de falta de aire fue liberada al llegar a la planta baja. Encaminó sus pasos hacia la calle con la amarga sensación de que su mundo se había derrumbado.

Durante la última hora su vida había dado un giro radical, tremendamente inesperado.

Mientras caminaba sin un rumbo definido, su pensamiento se centró sobre las cosas que debía hacer durante este tiempo.

Estaba tan abstraído que ni tan siquiera era consciente de que una voz que se oía a lo lejos le estaba llamando

-      ¡vamos despierta dormilón!, ya te he llamado dos veces, ¡venga! que vas a llegar tarde a tu cita.
Apenas había entreabierto sus ojos y la voz aún más cerca susurró

-          No hagas pereza, que como llegues tarde te van a dejar para el último.

Sus ojos se abrieron de repente, estaban asustados como si hubiese visto un fantasma, quería volver a dormirse, seguir soñando, temía que el despertar hiciese que ese sueño fuera un mal presagio de su realidad más corta.

Cuando regresó su cara reflejaba la angustia de lo desconocido pero no le quedaba más remedio que enfrentarse a ello.
La tristeza de abandonar su vida, mostraba una nueva realidad a corto plazo. Tener que abandonar a su mujer y a sus hijos era lo que no podía soportar.
 
¡Por fin había encontrado trabajo!

No le quedaba ninguna opción más, necesitaba trabajar aunque fuera a miles de kilómetros de distancia de los suyos. 

POR UNOS LABIOS ROJOS



Mientras tomaba el café tomó el periódico para leer las noticias, nada en profundidad, tan sólo los titulares para ponerse al día.
En cambio, al llegar a los anuncios por palabras se detuvo sin prisa a leerlos de principio a fin. Un día más el titular más importante era el de “ofertas de empleo”.
Llevaba un año sin trabajo, casi el mismo tiempo desde que se separó de su mujer, una morena exuberante que no llevó nada bien prescindir de sus caprichos después de que su marido fuese despedido.
Estaba tan concentrado que apenas se percató del murmullo exaltado que empezaba a oírse en la cafetería.
Cuando se volvió para mirar, sus ojos se abrieron  con sorpresa al ver a la morena exuberante discutiendo con el camarero porque su té estaba helado.
Se levantó pero no precisamente con la intención de acercarse a saludar, sacó unas monedas de su bolsillo y las depositó en la mesa, como si quisiera huir sin ser visto.
Justo cuando sus pasos iban a doblar la esquina de la calle, una mano golpeó su espalda, su cuerpo experimentó un escalofrío antes de girarse y darse cuenta de que la morena exuberante había salido tras él, la huída no había funcionado.
Con la cara aún más perpleja y con su boca sin articular palabra, notó cómo unos labios rojos se posaban en sus mejillas plantándole dos besos.
-    ¡Qué sorpresa no esperaba encontrarte por aquí!, te he visto salir de la cafetería y me parecías tú, pero tenía dudas, sólo te he visto cuando te marchabas. 

-    Pues yo sí que estoy sorprendido. ¡Nunca hubiera imaginado encontrarte en esta zona de la ciudad! No es para nada tu estilo, dijo él con cierto sarcasmo.

-    Tú siempre tan elocuente. No te lo vas a creer pero precisamente he venido a propósito para buscarte, alguien me dijo hace unos días que te habías mudado aquí. 

-    ¿Qué quieres? desde que nos separamos no he tenido una sola llamada de ti, supuse que habrías engañado a alguien para que atendiera todos tus caprichos. 

-    No empieces con tus impertinencias 

-    ¡Es increíble! Si es dinero lo que necesitas no vienes al sitio adecuado. Sigo sin trabajo. 

-    No, no es eso. La verdad es que estoy aquí porque quiero que me acompañes a conocer a una persona.  

-    ¡No entiendo nada! ¿a una persona? ¿para qué? 

-    Tú ven y acompáñame. 

Tras media hora sentando en el asiento del acompañante de un  coche de alta gama, el silencio era lo único que se respiraba. El coche se detuvo frente a la puerta de un lujoso hotel.
-    Buenos días. La habitación 230 por favor.
-    Aquí tiene. ¡Que tenga un buen día!
Atravesaron el largo pasillo hasta la última puerta, que se abrió tras activar la llave.
- ¡Ya hemos llegado!
No hagas ruido. Seguramente aún siga dormida. Cuando entraron al cuarto anexo, la luz tenue mostraba al fondo una especie de camita con barrotes. Su cuerpo no podía avanzar hasta el fondo de la habitación, estaba como petrificado, de repente intuyó el significado de todo aquello.